Capítulo 4

Macy's P.O.V.

Por fin había llegado a la Universidad. Bueno, a la residencia de estudiantes. Me parecía muy grande. James me dijo que no podía acompañarme ya que tenía otros alumnos más que recoger y muchos papeles por tramitar. No me molestó para nada, incluso lo prefería, ya que sino, tendría que intentar iniciar una conversación y era una de las cosas que nunca hacía y que no me gustaba.
Abrí la puerta y vi un gran recibidor. La recepcionista estaba hablando alegremente por el teléfono. Se excusó y colgó. 

-Buenas noches, ¿tu nombre?
-Hola, Mariana Mark.
-Veamos... Primer año, ¿me equivoco?
-Sí, primer año. 
-¡Ajá! Ya tengo una habitación para ti. -Tecleó rápidamente y se deslizó hasta mi. -Sígueme.

Subimos por las escaleras hasta el primer piso y caminamos por varios pasillos hasta llegar al fondo de uno. Al lado de la puerta había un pequeño cartel de color rojo con el número 47.
La recepcionista, que aún no me había dicho su nombre, tocó repetidamente hasta que se escuchó algo moverse en la habitación. Una chica morena abrió la puerta. Nos presentamos y yo la di dos besos, típico en  España. Y por fin, nos quedamos las dos solas. Yo entré y deposité mis maletas al lado de la que iba a ser mi cama. Observé que mi móvil se estaba quedando sin batería, así que inmediatamente lo puse a cargar.
Encontré una red wifi sin contraseña, supuse que sería de la residencia y me conecté a ella. Y en seguida empezaron a llegar mensajes del Whatsapp. Uno era de un número que no conocía y decía:

-Espero que hayas llegado bien. Ojalá nos volvamos a ver. Buenas noches, Louis x . -Me estremecí al ver su mensaje.
-Yo he llegado bien, ¿qué hay de ti? Dulces sueños. -Le respondí.
-También he llegado bien, mis primos me están enseñando un poco los alrededores.
-Vaya horas, eh. Vete a dormir. -Dije añadiéndole un guiño.
-Sí mamá. No te preocupes que estamos volviendo.
-Buen chico. Creo que te tengo que dejar, voy a deshacer mi maleta.
-¿Ahora mismo? ¿No es un poco tarde?
-No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.
-¡Qué filosófica!
-¡¡Gracias!! Bueno, te dejo. Hasta mañana x
-Buenas noches.

Dejé el móvil y miré confusa a los dos armarios. Le pregunté a Laura cuál era el mío y me dejó escoger. Ella también se me unió y las dos nos pusimos a desempacar nuestras maletas mientras hablábamos y bromeábamos. 
Teníamos muchas cosas en común, una de ellas era el horrible aspecto de la habitación. Acordamos comprar algunas cosas para decorarla. Seguimos un rato más despiertas y después nos acostamos.

Por la mañana, yo me levanté primera ya que normalmente no podía dormir mucho. Me fui a ducharme, me maquillé y me vestí. Cuando salí del baño, vi que Laura ya estaba despierta.

-Oh, ¿te he despertado? -Pregunté apenada.
-No, no. No te preocupes. Me he despertado sola.
-Vale. Pues ya puedes usar el baño.
-Me iré a duchar, bajamos a desayunar y después ya podemos irnos a hacer turismo y a ¡COMPRAR! -Se rió de su propio comentario. Yo me reí también y asentí con la cabeza.

No tardó más de veinte minutos, en los que yo hice mi cama y le envié un mensaje de buenos días a Louis. En cuanto salió Laura, nos fuimos directamente al comedor a desayunar. Parecía un buffet con tanta variedad de comida; croisants, pan tostado, bollos, cereales, mermelada de todo tipo, leche, zumo de naranaja... Yo me cogí dos croisants y zumo de naranja y Laura se cogió unos pancakes con un poco de nata y sirope que tenían una pinta estupenda.Terminamos de desayunar y nos encaminamos a la salida.

-Espera un momento. -Me dijo Laura. - Kate, ¿nos podrías decir cómo llegar a la ciudad? -Le dijo a la recepcionista. Así que... Kate era su nombre. Bonito nombre.
-Pues hay algunos autobuses muy cerca de aquí, os los apunto en un papel y también la dirección de la residencia por si os perdéis y no sabéis llegar. -Anotó varios números y direcciones en un papel y se lo dio. -Aquí tienes guapa.
-Gracias. -Laura lo cogió y salimos de la residencia.

Llegamos a una parada y cogimos el primer autobús que llegó. Entramos y nos sentamos, las dos con nuestras cámaras Nikon colgadas de nuestros cuellos. Obviamente, parecíamos turistas. No tardamos mucho en llegar. Ese día nos recorrimos la ciudad entera; viendo monumentos, algún que otro pequeño museo y muchas tiendas.

La renovación de nuestra habitación nos llevó una semana entera. Compramos un montón de cosas. Nuevas sábanas, almohadas, cortinas, los escritorios, y también pintura para pintar los armarios y las paredes. Además le dimos un toque vintage con nuestros colores favoritos, el mío el rosa, y el suyo el turquesa.

Finalmente, nos quedó así.







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