Capítulo 1



Ahí estaba. Frente al espejo. Odiando cada parte de mi cuerpo. Nada me quedaba bien. Me probaba ropa sin parar buscando algo que me hiciera parecer más delgada. Finalmente me puse unos pantalones cortos y una camisa de cuello alto. Salí de mi habitación y me dirigí a la cocina.

-¿Vas a salir hoy? -Preguntó mi padre con una sonrisa en la cara.
-Sí, he quedado.
-Así me gusta, cariño. Hoy tengo que quedarme hasta tarde en el trabajo, así que prepárate tú la cena, ¿de acuerdo? -Asentí. -Bueno ya me voy. Pásalo bien.

Me dio un beso en frente y salió por la puerta. Me terminé de arreglar y salí yo también. Hoy cogí el coche, porque si fuese andando, llegaría tarde. Había quedado con un chico que conocí ayer mientras hacía fotos en Central Park. Como yo, él también amaba la fotografía. Es francés y estaría aquí por unas cuantas semanas.
Tardé poco en llegar. Aparqué el coche cerca de la entrada principal, que fue dónde habíamos quedado, y me bajé. Colgué mi cámara de mi cuello y me dirigí hacia la entrada. Él estaba ahí. Me hacía fotos mientras yo me acercaba a él. Yo empecé a hacer lo mismo. Cuando ya estaba a su lado, los dos nos estábamos riendo.

-¡Bonjour ma belle Charlotte! -Exclamó dándome tres besos, típico en Francia.
-Bonjour Cédric.
-¿Qué vamos a hacer hoy? -Preguntó con un acento francés muy marcado.
-Te voy a enseñar los mejores sitios de Central Park para hacer fotos.
-¡Génial!

Le enseñé cantidad de sitios perfectos para hacer fotos. Conocía perfectamente el Central Park ya que, aquí es dónde paso la mayor parte del tiempo. Cédric se quedaba encantado con todos estos sitios. Repetía frases cómo "Génial" "Fantastique" "Parfait" , entre otras. A veces, me hablaba en francés, entonces daba gracias a que fui a clases de francés y podía defenderme un poco.
Después de un largo paseo haciendo fotos, nos sentamos en un banco, pero no tardó en encender de nuevo su cámara y volver a hacer fotos, pero esta vez, las fotos me las hacía a mi.

-La cámara te adora.
-No lo creo. -Le contesté.
-¡Tu es magnifique!
-No, no lo soy.
-Sí lo eres.

Entonces dejó su cámara a un lado, posó su mano en mi mejilla y me besó dulcemente. Mi primer beso. Poco después, nos separamos lentamente.

-Ahora una foto los dos juntos. -Propuso.

Él cogió su cámara y los dos nos colocamos más cerca e hizo la foto. Yo hice lo mismo con mi cámara. Luego seguimos haciéndonos fotos el uno al otro, y de vez en cuando nos besábamos. Que bien sienta un buen beso. Debería haberlo probado antes.

-Bueno ma chérie, debido irme, tengo que cenar con mi familia.
-Claro, no te preocupes.
-Espero volver a verte.
-Llámame.
-¡Biensûr!

Le acompañé hasta la entrada por la que entramos y nos despedimos con un beso. Yo también volví a casa.

-¿Papá? ¿Papá? -Nadie contestó. Entonces me acordé de que dijo que no vendría a cenar.

Otra noche cenando sola. Saqué la comida de la nevera. Pasta. Intenté comer algo, pero no pude, así que lo volví a poner en la nevera y me fui al salón a distraerme mientras veía algo en la tele. No había nada. Dejé puesto MTV, donde estaban poniendo música. El sonido de mi móvil sonando me interrumpió. ¿Cédric?
Miré a la pantalla y era mi padre, seguramente quería comprobar que ya estaba en casa.
Me quedé helada cuando contesté y no era la voz de mi padre, era la voz de una mujer.

-Buenas noches. ¿Conoce usted al Sr.Armstrong?
-Sí, soy su hija. ¿Qué pasa?
-Verá...
-¡¿Qué le ha pasado a mi padre?!
-Su padre ha muerto.
-¿Qué...?

Solté el móvil y me derrumbé en el suelo. Oía como la señora que había llamado, preguntaba desesperada si seguía allí. Sigo aquí pero parte de mi alma, se ha ido con mi padre. No me lo creía, no lo quería aceptar. La única persona a la que le he importado, ahora se ha ido. Mil lágrimas empezaron a caer por toda mi mejilla. ¿Por qué? ¿Por qué a él? Me sentía tan impotente, tan vacía, sin él yo no era nada. Él era quién me daba fuerzas para seguir luchando. Ahora sí que estaba sola. Sola en el mundo. Lo único que deseaba era irme con él. Sólo quería morirme yo también.
Me dirigí a la cocina. Abrí un cajón y saqué un cuchillo. Me lo acerqué a las muñecas. Sentí el frío que desprendía el cuchillo. Pero no hice nada más. Era una cobarde. Una maldita cobarde. No me atrevía ni siquiera a cortarme las venas. Otra ola de lágrimas volvió. Dejé el cuchillo. Me fui a mi habitación, me tiré en la cama y me quedé llorando hasta que, no sé cuando, me dormí.
A la mañana siguiente, me levanté y me dirigí a la habitación de mi padre. Tenía la esperanza de que él siguiera ahí como siempre. No estaba. Después fui a la cocina y al salón. Tampoco estaba ahí. Yo me encontraba ahí en medio de la casa, sola, llorando. No sabía qué debía hacer ahora. No tenía a nadie a quién poder acudir. ¿Y si me llevaban a un orfanato? Pues sólo tenía dieciséis años y a todos los niños que aún no tienen dieciocho años y que son huérfanos se los llevan al orfanato. Pero yo no quería ir allí, no.
Entonces se me ocurrió llamar a Paul, el mejor amigo de mi padre. Él era abogado y debía de saber qué se hacía en estos casos. Con dificultad cogí el móvil, busqué su número y le llamé. Entre lágrimas, le intenté explicar lo que pasó. Él se quedó sin habla y me dijo que ahora mismo venía a casa.
Me quedé sentada abrazando mis piernas con los brazos. En cuanto alguien llamó a la puerta, fui corriendo a abrir. Era Paul. Me abrazó fuertemente.

-Tengo miedo. -Susurré.
-Ven, entremos.

Fuimos al salón y nos sentamos en el sofá.

-Siento mucho que tengas que pasar por esto. ¿Pero qué pasó exactamente?
-No estoy segura, pero creo que un accidente de coche.
-Debemos averiguarlo...
-Paul.
-Dime.
-No quiero que me lleven a un orfanato. No dejes que me lleven ahí, por favor. -Volví a romper a llorar.
-Tranquila, no te llevarán a un orfanato.
-Sí lo harán, ahora soy huérfana.
-En realidad, no. Tu madre sigue viva, así que no pueden llevarte a un orfanato. Y ahora, mete en una mochila las cosas que necesites. Vas a venir conmigo. No te puedes quedar aquí sola.
-No, está bien, no pasa nada... No quiero molestar...
-¡Tú nunca molestas!
-¿A tu esposa le parecerá bien?
-Claro. Vamos.


Metí en una mochila algo de ropa, mi cámara y poco más. Después me fui con Paul a su casa. Su esposa nos recibió. Al parecer, Paul ya le había contado lo que había pasado, porque estaba llorando y vino corriendo a abrazarme.
Después de otro momento emotivo, Paul me dijo que me quería enseñar algo así que le acompañé a su despacho. Sacó una cajita pequeña.

-Tu padre me dijo que si alguna vez le pasaba algo, que te diera esto.
-¿Qué es?
-No sé, ábrelo.

Me dio la caja y la abrí con cuidado. Había una carta dentro. La abrí y la empece a leer.

Mi pequeña Charlotte. Si estás leyendo esto es porque yo ya me he ido. No quiero que estés triste por mi ida. Tienes que ser feliz. No quiero que te vuelvas a encerrar en casa, quiero que vivas la vida. Tampoco quiero que pienses que estás sola. Yo te cuidaré desde arriba, recuérdalo siempre.
Sé que nunca te he hablado de tu madre, pero me gustaría que la buscaras si te sientes sola, o si sientes que no tienes a nadie en el mundo. También me gustaría que la perdonaras, ella en realidad es una buena mujer. Te dejo su número, llámala. 
Y por último, espero que encuentres a alguien que te haga feliz. 
Te quiere, Josh.

Al terminar de leerla, me di cuenta de que estaba llorando otra vez. 

-Deberías llamarla.
-No sé... -Dije dubitativa.
-A tu padre le hubiese gustado que lo hicieras.

Me dio otro papel, en el que venía el nombre de mi madre y su número de teléfono. Tricia Malik. Por fin sabía cómo se llamaba mi madre. Tricia. 



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