Capítulo 4




Dos coches destrozados. Era lo único que veía en medio de una carretera desierta. Me acerqué a uno de los coches, no había nadie. Me moví hacia el otro. Alguien golpeaba fuertemente las ventanas. Temerosa, miré por la ventana del piloto. Era mi padre. Su cara llena de sangre me miraba desesperada.

-¡Socorro! ¡Ayúdame Charlotte! -Gritaba tras la ventana.

Impaciente, me abalancé sobre la puerta. No podía abrirla. Intenté lo mismo con la puerta trasera, y la del lado derecho. Ninguna se abría. Las lágrimas empezaron a deslizarse por mi cara. 
Al igual que mi padre, empecé a golpear la ventana. No sé lo que me había dado fuerza, pero un golpe con mis dos manos a la vez hizo que la ventana se rompiera. Rápidamente abrí la puerta y me deslicé en el asiento del copiloto sujetando la cabeza de mi padre con mis dos manos. Tenía los ojos cerrados y no se movía. De repente, un grito resonó desde el exterior del vehículo.

-Demasiado tarde.

Salí del coche para ver lo que estaba pasando. No había nadie. Miré a todos lados. Antes de poder darme cuenta, el coche en el que yacía mi padre, empezó a arder. Unas risas diabólicas retumbaban.


-Despierta, Charlotte.

Las manos de mi madre agitándome me despertaron. Todo había sido un sueño. Miré a mi alrededor y vi que todo el mundo me estaba mirando. Mis mejillas se tintaron de rojo. Me incorporé en mi asiento y tomé educadamente el vaso de agua que me ofreció una de las azafatas. Me tomé todo el contenido de un sorbo y después volví a mirar a los demás pasajeros. Ya no era el centro de atención y eso me alegraba. Mi madre me intentaba tranquilizar, pero consiguió lo contrario con todas sus preguntas. Yo sólo le dije que fue una pesadilla. Las dos horas restantes, me quedé despierta escuchando música mientras dejaba a mi madre dormir.

*   *   *

Aterrizamos. La noche estaba cayendo. Recogimos nuestras maletas y nos dirigimos a la salida. Tricia miraba de un lado para otro, yo la imite sin saber a quién había que buscar. Finalmente, sonreí satisfecha y me hizo seguirla hasta un joven de cabello negro, al igual que el suyo y el mío, bastante guapo.

-¡Hijo! -Dijo dándole un gran abrazo. -Mira, te presento a Charlotte. -Él se separó de mi madre y por fin pude verle con claridad.
-Sonríe. -Murmuró mientras me hace una foto con la cámara que cuelgaba de su cuello. Le di una tímida sonrisa. Después me envuelvió en un inesperado abrazo. -Encantado, soy Zayn.
-Igualmente. -Le dije.
-¿Y papá y Harry? -Preguntó mamá.
-Se han quedado en casa viendo el partido, ya sabes. -Respondió como si esto pasara siempre.
-El fútbol... Bueno, ¿vamos?
-Claro. Yo os llevo las maletas. -Zayn tomó ambas maletas y se dirigió al aparcamiento. 

Guardó las maletas en el maletero. Tricia ocupó el asiento del copiloto y yo me senté en la parte trasera. Zayn subió y empiezó a conducir. El trayecto no duró mucho. Al cabo de unos diez minutos llegamos. Apenas se podía ver algo, pero al parecer era una casa muy grande. Seguí a Zayn y a Tricia. Entramos por la puerta y un mayordomo nos dio la bienvenida. ¿En serio?
Él subió nuestras maletas mientras nosotros nos dirigíamos al salón. Yaser y Harry estaban sentados en el sofá bastante emocionados viendo el fútbol. Pero al vernos, inmediatamente se levantaron. Yaser se dirigió hacia nosotros, le dio un corto beso a Tricia y luego un abrazo, entonces me divisó a mi.

-¿Y tú debes ser Charlotte, verdad? -Asentí y él me dio un caluroso abrazo. ¿Qué le pasa a esta gente con los abrazos? -Pensaba que eras algo más pequeña. Espero que te sientas como en casa.
-Gracias. -Dije cordial. 

Harry también se había acercado, debo admitir que es muy atractivo. Le miré de arriba abajo. Era bastante más alto que yo, su pelo rizado tapaba su frente y tenía un buen cuerpo, ¿irá al gimnasio?. Pero lo que realmente me dejó fascinada son sus ojos verdes y su sonrisa. 

-Y este es Harry, será como tu segundo hermano. -Dijo Tricia. 
-Hola Charlotte. -Que bien suena mi nombre dicho por él. Tenía una voz grave. Me acordé de la conversación telefónica.
-Hola. -Apenas pude decir "hola" de lo ruborizada que estaba. ¿Qué me está pasando? Al igual que los demás también me saludó con un abrazo. Desprendía un embriagador olor a colonia.
-¿Te gustaría cenar algo, Charlotte? -Siseó mamá rompiendo nuestro abrazo.
-No, en realidad, me gustaría dormir.
-Te acompañaré a tu habitación, entonces. -Me despedí con la mano y las dos subimos las escaleras. -Deberías saber que nosotros comemos a la una de la tarde, y cenamos a las ocho de la noche, y el desayuno a cualquier hora que te levantes, ¿hay algún problema con eso? -Negué con la cabeza. -Mi habitación está en esta planta y la de Zayn también. -Dijo mientras nos encontrábamos en la primera planta. -Aquí también está la sala de estudio y un pequeño gimnasio. -Llegamos a la segunda planta. -Y aquí estará la tuya, al lado de la de Harry. Compartiréis baño, ¿algún problema? -Volví a negar con la cabeza.
-Wow. -Murmuré al entrar en la habitación. La habitación estaba decorada con colores rosas. Todas las cosas eran rosas.
-No debí dejar que Yaser decorara la habitación.
-¿La decoró él?
-Sí. -Creo que ahora entendía por qué me dijo que pensaba que era más pequeña. -Pero no te preocupes, la cambiaremos a tu gusto. Ahora descansa. -Dijo dándome un beso en la frente. 

Mi maleta estaba apoyada en un gran armario, rosa también. Busqué algún pijama y me lo puse. En realidad, eran unos simples pantalones cortos blancos y una camiseta de tirantes azul marina. La cama era mucho más cómoda de lo que parecía. Poco a poco consiguí dormir.

Vuelvo a la misma carretera vacía, excepto por los dos coches. Mi padre está de nuevo encerrado en uno de los coches. Las puertas no se abren. Vuelvo a romper el cristal, esta vez tardo un poco menos. Mi padre está muerto. Se escucha una voz.

-Aún demasiado lenta.

El coche prende fuego y grito.

Me despierté sobresaltada. La misma pesadilla que tuve en el avión. Me miré y estaba sudando y llorando a la vez. Decidí levantarme e ir al baño.
Abrí el grifo y me eché agua fría por toda la cara. Después apoyé mis manos en el lavabo y dejé caer mi pelo delante de mi cara. Me sobresalté al oír la puerta abrirse.

-Lo siento es que... El pestillo no estaba puesto y... -Era Harry.
-No pasa nada. -Harry vistía solo unos boxers negros. Tenía unos abdominales bien definidos. Si era atractivo con ropa, sin ropa lo es más. Patosamente, me sequé las manos con la toalla. -Es todo tuyo. -Le dije mientras me dirijía a la puerta.
-Gracias. Oye... ¿Estás bien? -Dijo acercándose a mi.
-Hmm sí. ¿Por qué lo dices?
-Tienes mala cara.
-Acabo de tener una pesadilla.
-Oh, vale.
-Buenas noches, Harry. -Murmuré mientras planto un suave beso en su mejilla y vuelvo a mi habitación. No quería interrogatorios. 


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